Cuando uno habla de lápidas de mármol en Barbastro, indefectiblemente le viene a la mente la imagen de una tumba y automáticamente le sale un semblante serio. La lápida es un símbolo inequívoco de defunción, y como dijo el gran Sigmund Freud: la muerte es un sentimiento que crea introspección personal y tabú social. 

Con nuestras lápidas de mármol en Barbastro somos conscientes de este sentimiento, y de que hay que guardar un respeto a los que se han ido, pero no por ello no nos encontramos con situaciones curiosas, cuando menos divertidas, en este particular evento.

Prueba de ello son algunas de las inscripciones que nos hemos encontrado en la vida real y en internet:

Una es la que está en un cementerio de Zaragoza, cuyo apellido del difunto o no se conocía o verdaderamente ese era su apellido real, "Juan Mengano", o esta otra inscripción hallada en un cementerio de un pueblecito de Galicia, donde el apellido de todos los componentes del panteón familiar era ni más ni menos que "Muerte". Algunos de sus nombres, tan acordes con tal insigne apellido, eran "Dolores Muerte" (la bisabuela), "Martirio Muerte" (la abuela) y "Consuelo Muerte" (la hija). Afortunadamente esta estirpe se ha terminado y no por la muerte, sino porque el apellido del varón la ha acabado extinguiendo.

Las hay que no son curiosas por el nombre, sino por el epitafio: "Recuerdos de todos tus hijos (menos de Julio a quien desheredaste)" y "A Hermenegilda, que me dejaste sin un duro" , probablemente de un marido resentido, o "Aquí yace Flora. Señor, recíbela con el mismo cariño con el que yo te la mando".

En Mármoles Javier Zamora, S.L. opinamos que para gustos los colores, incluso en este delicado tema. Siempre desde el respeto que entraña una defunción, hasta en este oficio hay momentos anecdóticos.